lunes, 22 de junio de 2015

Lucha Onírica

Estaba recostado en aquel laberinto nocturno que mi mente siempre construía, levantando murallas cubiertas de vidrieras para protegerme de un enemigo insistente que miraba a través, pero que a pesar de percibir el temblor de mi mirada, no apreciaba mi existencia.

Caminaba lentamente dejando caer su único dedo sobre las vítreas paredes, dejando un surco entre el polvo y las cenizas que enfocaban toda imagen visualizada desde uno u otro lado. No creo que tuviera intención de buscar algo, ni si quiera parecía saber que deambulaba en un laberinto, tan solo caminaba sin rumbo arrastrando su dedo por las largas cristaleras que conformaban la estructura.

El caso es que, muy a mi pesar, yo tampoco entendía cómo ni por qué había acabado en aquel lugar, ni si quiera recordaba cuando fue la primera vez que viví la experiencia. Una cosa sí tenía clara; no era la primera vez que me encontraba atrapado en aquel lugar. A pesar de que las paredes eran transparentes, el ciclo era infinito, mi mirada se perdía entre la profundidad y era imposible visualizar salida alguna. De un remoto exterior solo podía percibir el cielo.

Descubierto el laberinto por la ausencia de una superficie, el cielo tampoco generaba sensación de distensión, al contrario, el colorido verdoso sesgado por nubes contaminadas generaba una sensación de agotamiento e intranquilidad que ofrecía barra libre de náuseas.

Puesto que mi mente no podía cavilar ninguna meta ni patrón coherente para evitar adentrarme y desorientarme en aquel entramado, seguir a aquella “persona” me parecía lo más entretenido.

Era curioso, a pesar de ser un laberinto, todo parecía comunicarse a la perfección para abrir un camino predeterminado a conectar mis pasos con aquella figura. Veía su sombra caminar paralelamente a mi vía, en ocasiones solo miraba el surco que su dedo dejaba en el cristal, siguiendo la línea con mi mirada como si quisiera comunicar algo. Cuando el pasillo dejaba de ser recto, la figura seguía caminando hasta la bifurcación hasta chocar contra la pared. Unas veces seguía caminando hacia adelante y tras insistir se giraba para seguir caminando,  pero otras veces colisionaba con el cristal con tal impacto que creaba un boquete perfectamente tallado en la pared, sin fragmentos ni retazos generados por la típica ruptura de un cristal.

A pesar de parecer inconexo, empecé a pensar que debía tener algún significado, pues cuando el laberinto parecía bifurcarse de forma que no pudiera seguir a aquella figura, aquel ser reventaba a su paso la pared y todo volvía a fluir con normalidad.

Lo que tampoco entendía era el por qué de su dedo frotando constantemente el laberinto polvoriento. La única idea que acudía a mi mente era que aquel surco fuera una forma de reconocer el terreno, una mera señal para saber por dónde ha caminado y no perderse en sus propios pasos. Pero aquella idea me parecía ridícula, el ser no se inmutaba en ningún momento, no mostraba faceta alguna de un ser humano; no se cansaba ni postraba su figura un solo centímetro, tampoco parecía que respirara o mostrara cansancio. Cualquier humano cesaría su marcha para barajar opciones si lleva mucho tiempo andando, o al menos, giraría la cabeza como acto involuntario de estar perdido y querer buscar una salida desesperadamente.

Ni denotaba intención de buscar algo en aquel remoto lugar ni tampoco parecía molestarle mi presencia acosadora. Quizás fuera una máquina diseñada para buscar una salida en aquel laberinto, pero, en ese caso, tampoco entendería como apareció en el mismo punto de partida que yo.

No mantenía una noción exacta del tiempo que llevábamos caminando, pero seguramente rondaría en torno a un par de horas. Todo lo que no le ocurría a él me ocurría a mí; me empezaba a encontrar fatigado, los párpados atosigaban mis pasos y mis fosas nasales luchaban contra el polvo para poder respirar, pero la alergia y el cansancio aminoraban mi marcha considerablemente. Pese a actuar como algo inhumano,  parecía estar jugando conmigo, pues cuanto más aminoraba la marcha, más aceleraba sus pasos aquel longevo dedo.

Pero no ocurría nada anómalo, solamente caminaba mecánicamente sin pararse o girar la cabeza. Esto comenzaba a cansarme, cuanta más distancia recorría, más nervioso me ponía mirar la sombra entre el polvo de los cristales.

Intentaba atrapar algo que me había atrapado aprovechando mi ignorancia. Si su papel era hacerme perder el tiempo, lo estaba consiguiendo. El tiempo no tenía valor alguno en aquel lugar. En cierto modo no era novedad para mí, la palidez de aquella figura era lo menos desconocido allí. “Si hubiera estado aquí me acordaría, al no ser (que fuera) un sueño”.

El verdadero silencio no es aquel que se da cuando estás solitariamente inmerso en ti mismo, el verdadero silencio es aquel que forma parte de alguien que intenta hablarte pero no puede, o que ni si quiera lo intenta, de manera que tu presencia solo genera más silencio. Si una imagen vale más que mil palabras, un mero silencio puede narrarte el final más complejamente descriptible posible.
Si al menos esa figura emitiera algún sonido, el silencio no agobiaría tanto. Un silencio claustrofóbico que solo acrecienta la sensación de estar acompañadamente ahogado. Es una sensación demasiado incómoda.

Inmerso en mis pensamientos no me había percatado de que esta sección era notablemente distinta al resto de segmentos ya transitados;  el final de mi pasillo enlazaba, con un giro, el pasillo de mi amigo caminante. Diría que estoy nervioso, pero la verdad, el cansancio ya no distingue más allá de su egoísmo. Si desde el principio había estado inquieto y enormemente agobiado, ahora simplemente estaba “desenchufado”.

Realizado el giro, una breve recta separaba mis pasos del esperado reencuentro. Y allí estaba aquella figura; caminando decididamente haciéndome creer que aún no se había percatado de mi presencia (por supuesto, aquel dedo seguía con su repetitiva rutina). Curiosa la percepción de mis ojos; en la distancia frontal la nitidez era impecable, pero conforme me acercaba, el contorno se difuminaba y emborronaba. “Tiene forma humana”.

Aunque tiene forma humana, solo es visible su contorno, el contenido del mismo parece ser un aleatorio color extendido a modo de relleno. Incluso diría que tiene el mismo “cabezón” que yo.

Y ahora es cuando lo veo todo claro, a pesar de ver cada vez más desenfocada su imagen.  Me hubiera sorprendido su inteligencia de no ser porque ya había identificado su origen.  Estaba en el punto en el que (no) quería estar. Estaba en el punto al cual él (no) quería atraerme. Por primera vez, conscientes los dos de saber qué ocurriría, continuamos caminando esperando encontrarnos. Cuando le vi levantar el brazo usado tan fervientemente para pasear su dedo por aquel terreno…  Cuando le vi actuar por primera vez de forma humana…  fue entonces cuando, tranquilamente complacido, cerré los ojos mientras estrechaba mi dedo a su encuentro. Sonreí sabiendo que ocurriría, no era la primera vez que me había olvidado (perdido) de mí mismo.

Al fin pude decir(me)le; “buenas noches”.

sábado, 13 de junio de 2015

Sepulturero

Demasiado imperceptible para ser conscientemente cierto, demasiado profundo como para poder hincar nuestra pinza entendible entre los huecos que apartan su sólida estructura de la denominada vida, porque aquello que realmente somos no es más que una idea perdida en aquella caverna, que no hace sino refugiar nuestra mente en un profundo hoyo.

Parece que hayamos vivido reiteradamente nuestra vida, algo que nuestro cerebro hace hincapié en simular. Es lamentable pensar que toda sílaba tenga un significado global, pero es una excusa demasiado dulce como para poder ignorarla, pues la felicidad parece sonreír en aquel diptongo que nos traba la lengua, llenándonos de conocimientos tan vacíos como la propia vida, que de simple tiene mucho, y de complicaciones tiene miles.

Increíble pero cierto, estamos aquí sentados intentando responder a aquello que nos hace pensar, como si por el hecho de afrontarlo fuera a suponer una compensación equilibradora. Nada equilibra el todo, todos lo somos, nunca fuimos siempre y aún así siempre seremos nada.  Ridículo trabalenguas que se disfraza a modo de transparente obviedad, necesitas perderte para entender lo que qué inconscientemente necesitas saber, entonces realmente entenderás que hasta ese instante no entendiste nada. Bienvenido.

Capta el concepto, pareces perdido. Esa es la idea. La idea es tan simple que se ha burlado de ti mientras intentabas comprenderla ¿De verdad pretendes encontrar un frasco en tu vitrina que contenga lo incontenible? Tantas justificaciones para tantas complicaciones que lamentablemente carecen de relevancia. Podemos ser tan irrelevantes como necesariamente queramos serlo. Es cuanto menos un buen pasatiempo. Salir invicto es imposible, la cercanía de su dulce aroma no provoca precisamente tranquilidad, y, por supuesto, ni si quiera muertos el hedor desaparece.

Suena cada noche, de hecho sigue sonando, el ruido de la tierra ahondando aquella tumba, agrandando aquel hoyo que tan minúsculo era antes; silenciado por nuestra mente, el sepulturero sigue cavando sin descanso.

miércoles, 22 de abril de 2015

Composición "Eternal Paradox"

En esta ocasión hago un inciso para mostrar una composición que forma parte del EP en el que estoy trabajando individualmente titulado "The Port Of The Insomnia. A New Path Between Leafs". Se trata de un EP de temática neoclásica con fusión de estilos y técnicas propias de la Post-modernidad musical, como el Metal Progresivo, Tapping o Sweep Picking. Los instrumentos clave están conformados por la inclusión de guitarras acústicas, violines y teclado. Mi finalidad es fusionar la estética clásica a través de conocimientos modernos de la música progresiva; progresiones de compás, cambios de tempo, evolución de melodía y estructura, etc.

Se trata de una versión demo de la canción"Eternal Paradox", que combina guitarras acústicas y violines. En cuanto a calidad se refiere, no es la versión definitiva, espero poder grabar con calidad el EP en un futuro cuando tenga los recursos suficientes.

sábado, 18 de abril de 2015

Árbol de Reminiscencia

Y recordar ese péndulo onírico que delata aquel cajón, antiguamente aliado, cuyo cruce de dedos aguarda una trampa emocional; en mi mesilla de noche se esconde un pequeño yacimiento esperpéntico de lo que un día fueron buenas funciones fallidas. Voltear una huella escrita parece algo sencillo, un mero mensaje que un día se vistió de realidad imprescindible, que lució la primera noche como el descubrimiento trasnochador de válvulas motoras de cobijo abstracto, y que ahora ha sido arrastrado por el viento hasta una cala desolada por las líneas morales.

Increíble, ser lo que nunca pensé ser pero una parte de mí siempre quiso, sufrir lo que nunca pensé sufrir pero una parte de mí siempre esperó sufrir. La continuidad paradójica de la individualidad humana debería ser recogida en un árbol de grandes dimensiones, partiendo de simples recuerdos que hinquen sus raíces en la corpórea tierra, y, creciendo en base a ellas, redactar nuestra existencia extendiéndose una y otra vez. Porque somos así, un enorme árbol cuya base asienta elementos distintivos entre sí si partimos de arriba hacia abajo. Y que distintos creemos ser de los demás, cuando nuestra propia conciencia ha sido distinta y lo será hasta el día de su despedida. Y de repente, recuerdo vagamente aquel lugar; abro aquel cajón que mi mente aisló del universo y que me hace estornudar por acumulación de polvo, y sonrío mientras me muerdo intensamente para paliar la presión mental.

Sonreír es lo que preferiría hacer, pero los conceptos obsoletos de aquel papel escalan por mi espalda y me susurran al oído “Siempre hemos estado aquí dentro, siempre hemos estado contigo”. Evitar los errores en nuestro amplio sesgo mental es un mecanismo de evolución que nos permite, en el ámbito más amplio del término, alcanzar la felicidad. De esta forma podemos, incluso, llegar  a pensar que ni si quiera hemos accidentado aquella situación que entumece nuestro cerebro.

Pero no es sino un mecanismo más de engaño, evitar el hecho no hace que desaparezca, solamente podremos soltar una bocanada de alivio si estrechamos el cerco y tumbamos el dolor con un pulso emocional. Pero, es increíble cómo el árbol ha seguido creciendo y el tronco se ha endurecido, cada vez más, a medida que sus raíces se extendían recuerdo a recuerdo. Pero aquella hoja guardada en el fondo de nuestro cerebro sigue doliendo, y me temo, seguirá doliendo; dolerá porque dolió, porque, aunque apartada, siempre estuvo y estará con nosotros como base necesaria, como raíces que posibilitan nuestro crecimiento.

Introducida la materia, el acervo que de verdad acontece el texto comienza a desglosarse llegados a este punto. No es imprescindible hacer la comparación a través de las experiencias propias del estándar de recuerdos escritos ratificado como “diario”, basta con cualquier texto relativamente antiguo para darnos cuenta de que nuestra propia contradicción es irrevocable.

Un gran margen de tiempo nos demuestra haber estado equivocados plenamente cuando confiábamos a ciegas en la exposición de nuestras teorías y asimilábamos como verdadero aquello que apenas tenía experiencia tras de sí para poder validarse. Por ello, aunque es necesario pasar dicha trama, volver a abrir aquel cajón y observar todo lo que fuimos y actualmente no somos ocasiona un breve arrepentimiento que muchas veces suele preceder una sonrisa de nostalgia. Pero que actualmente no seamos iguales, o que,  simplemente, no sintamos lo mismo, no significa que sea imposible volver a trasmutar nuestros pensamientos y sentimientos relegados y volver a escenificar segmentos de nuestro pasado. Específicamente hablando, hay un tema que es intermitente, pero que suele ser una constante en el segmento temporal que consolida nuestras memorias escritas.

Podemos intentar engañar a nuestra conciencia, pero nuestro subconsciente es muy
analítico como para evadir las señales que concluyen en nuestra mente como un puzzle
útil pero incomprensible. Seguramente, la mayoría de personas prefieran guardar el lastre en un angosto páramo cuando la idea se asemeja a una experiencia trágica. Anteriormente mencionaba que dicho “tema” siempre formaba un inevitable ciclo. 

Muchas sensaciones ya vividas forman una nueva extensión en este preciado árbol, que crecen y se cruzan en forma de ramas intentando alcanzar el cielo. Años atrás, la corteza no pudo proteger el impacto que hizo derramar la savia a través del proceso creado, y el ciclo que pensé haber cerrado volvió a abrirse; la madera, cercenada, tardó en volver a crecer para impulsar el crecimiento de la instancia más alta del árbol. Las raíces parecen haberse fortalecido, han servido para agarrar el conocimiento atormentado por los años, y ahora posibilitan el crecimiento de un nuevo bosque que espera ansioso dos pares de pisadas en un día cualquiera… Un día cualquiera.

viernes, 10 de abril de 2015

Punto de divergencia

"Cuando el propio subconsciente comienza a burlarse del ser humano y la mínima consciencia se alía con él, la persona acaba por andar a la deriva en un bucle de confusión cuya solución es percibida con facilidad pero trágicamente inalcazable por ella misma".

Mnemotecnia Inversa


¿9 _ 0 - 8 _ _ - 6 _ 3 _ 6 - 1 _ 2 - 1 _ 7 _ 0 _ 2 1 _ 6 - 6 _ - 9 _ 9 _ 3 _ 6 - 9 _ 7 _ - _ 5 - 3 _ 6 3 _ - 4 _ _ 5 _?

domingo, 29 de marzo de 2015

La consecución del Ser; el inevitable estado del Estar

Parece increíble como creemos crecer con el paso del tiempo por el hecho de acumular conocimiento; tan solo pasamos a recordar vagamente las experiencias abordadas. Los miedos que cada uno experimenta son de lo más irracional en la mente de cualquier persona ajena, pero analizados desde nuestro punto de vista parecen extensos pantanos fangosos cuya única finalidad es enredar el barro entre nuestras piernas hasta conseguir ahogarnos. Nos cuesta caminar por ellos mientras que el resto se ríe señalándonos por nuestra forma esperpéntica de abordar lo que ellos consideran fácil. Y es curioso como la cadena del efecto mariposa tiende a mostrar un mayor porcentaje de efectos negativos hasta que  todos acabamos de mierda hasta los dientes. Hay una cierta ineficiencia en algún punto de nuestra mente que es imposible evitar, y esa pequeña brecha que se deja ver cuando no somos suficientemente experimentados en la situación que acontece es la que produce siempre el sufrimiento.

Si tan solo en ese momento hubiéramos sido más inteligentes, si  hubiéramos analizado con mejor perspectiva, si tan solo hubiéramos estado mejor preparados… No erraríamos catastróficamente hasta causar dolor.

Es algo que se nos escapa, la pequeña palabra que se cuela entre el hueco de los dientes y pasea por la lengua hasta conseguir alcanzar el exterior. Son tantos factores los que decantan nuestra cadena de reacciones y acciones, tantos naipes sujetando el castillo, que en cuanto un elemento chirría, la cadena se acaba generando/derribando por sí misma. Y vuelta a empezar, una queja que acabará siendo una gesticulación inapropiadamente justificada en la momentánea cadena ajena, y el proceso entonces volverá a bifurcarse entre comprendidos e incomprendidos.

Ciertamente, el ser humano es un ser contradictorio desde que nace hasta que yace en la tumba. Contradictorio por el contacto de personas contradictorias que ya han sido alteradas por la cadena cíclica. Contradecirse implica aprender, por ello considero una virtud bastante importante que el tiempo modifique nuestra forma de pensar. Pero aunque el tiempo sea el método universal de organizar nuestras ideas, el tiempo no consigue enmendar nuestros errores, solamente lo consiguen las personas correctas.

Duele de partida saber que la felicidad es relativamente arbitraria y caprichosa, solo es una consecución más de el continuo choque que se alargará en el tiempo pero que no llegará hasta que las personas adecuadas aparezcan. De partida es injusto, por desgracia la infinidad de posibilidades depende de muchos factores, pero lo importantes es conseguir llegar al estado del ser en su forma más mínima (es imposible alcanzarlo de forma completa).

Después de tantos años reflexionando sobre posibilidades en infinidad de acciones, he llegado a la conclusión de que lo más importante es ser. Parece absurdo pensar que la distinción conceptual entre ser y estar es mínima, ello es erróneo. Estar es el estado temporal ocasionado por la cadena cíclica que envuelve nuestras acciones. Cuando no estamos realmente preparados actuamos siendo lo que consideramos ser pero no hemos llegado a ser. Cuando se parte de la inexperiencia, meramente somos el más parcial estado del saber estar, y es que este es un proceso tan necesariamente transitorio como doloroso.

Un sencillo ejemplo lo clarifica; escribir nuestras preocupaciones más trascendentales sobre un papel y dejarlo a la deriva en una botella sobre la orilla del mar para encontrarlo al cabo del tiempo es el mayor regalo que podemos hacernos. Ver como el concepto que un día defendimos  puede llegar a convertirse en un pellizco en nuestra vida nos hará ver que todo cuanto conocíamos era una simple superficie del hondo pantano que seguimos atravesando.

El estado transitorio del ser es el más doloroso porque trae consigo el inminente arrepentimiento. Si no hubiera sido de determinada manera, si mi mentalidad no hubiera tenido unos límites tan superficiales como para no abarcar el campo que me ha llevado a tal error, si no…

Es difícil saber cuando somos realmente, las circunstancias siempre intentan hacer que seamos el estado parcial del estar, de que tendamos al camino fácil y mezquino del abandono. Pero cuando ese estado es cíclicamente experimentado, el sujeto se cansa de ser una carga para él mismo, es entonces cuando se da cuenta de que lo es para el resto por su ineficiencia. El sufrimiento siempre va a ser un elemento constante independientemente de que hayamos conseguido llegar a ser en su estado pleno, pero si de verdad estamos en la fase del estar, generaremos más sufrimiento.

Estoy harto de escuchar la frase arcaica de “hacer daño o sufrir”. La ineficiencia de una única persona es la que genera la cadena de sufrimiento, y la ineficiencia es siempre un punto común en algún punto mínimo del ser humano. La ineficiencia es inevitable tarde o temprano porque está condicionada por demasiados factores, es un desorden ordenado.

Lo realmente importante de la vida es aproximarse al ser y aprender del estado transitorio y eventual del estar, porque aunque el segundo proceso sea el más doloroso, nos permitirá saber quiénes somos. El sufrimiento de la tierra nace por la cadena incompetente de alguien que en un determinado momento no supo ser y solo pudo estar.

lunes, 16 de marzo de 2015

Idea Atávica

El eje común de todo ser humano, la conceptualización de ideas. Miles de influencias lloviendo en nuestro entorno, penetrando a través de nuestras retinas y oídos, impactos imparables que nos redefinen en cuestión de segundos y con los que, en cambio, cargamos hasta el día de nuestra muerte. Idea…  ¿Cómo una palabra tan efímera puede cambiar tanto el mundo? Siempre recorriendo nuestras mentes a su antojo, creando puentes y destruyendo muros, levantando continuas barricadas morales. Creo que no me equivoco al pensar, que una simple idea es peor incluso que la culpabilidad atávica, tan mortal como una caída al vacío, como echar un pulso con la muerte y romperse la muñeca. Pero ese no es el concepto que subyace mi mente.

Toda idea es valiosa como objeto de estudio, pero sus consecuencias son tan dispares y chirriantes en innumerables ocasiones, que en incontables casos se convierten en pesadillas humanoides y caminantes. No hay que temer nunca acerca del conocimiento, pero si no somos conscientes de los límites, las ideas nos arruinarán la vida.

Una simple idea puede convertirnos en un brillante genio atemporal, en el héroe cercano que todo ser vivo necesita, en la sabiduría universalmente potencial que todos deseamos adquirir. Una simple idea puede hacer que pertenezcamos a una entidad política de unas u otras facciones, que escojamos a nuestros seres queridos, delimitarnos, enfrentarnos a nuestros enemigos. Aislarnos de lo realmente bello en la vida, de crear miedos inexistentes.

Pero, tristemente, una simple idea puede convertirnos en el ser más odiado, puede hacer que rechacemos lo realmente importante en nombre de quienes son considerablemente irrelevantes, que sujetemos aquella arma que tendrá consecuencias nefastas, que gritemos a quienes intentan abrazarnos, que establezcamos nuevas franjas dentro de los límites morales. Una simple idea puede arruinar vidas que ya habían sido arruinadas, herirnos a nosotros mismos y cegarnos en un túnel sin retorno.

Las ideas son demasiado peligrosas como para que pasen a formar parte de la munición de nuestras armas. Nadie quiere convertirse en una cobaya al servicio de alguien que hila pasos inconexos. Una idea nos puede cambiar la vida, eso no es precisamente alentador.

Las ideas siempre persiguen al creador. Aquel instante en el que el músico se funde con su instrumento y convierte la idea en melodía… ¿Acaso no es probable pensar que las ideas atormentan a las obras más bellas? ¿O qué el artista del que todos aprecian obras hermosas llore al contemplar su propia creación? Aquella idea que impidió al artista dormir, que no se despegó durante meses, años… Un pequeño sufrimiento clavado en el costado. Y todavía tenemos el valor de apreciar felicidad en una obra, cuando seguramente el autor sufrió más al contemplarla de lo que nadie sentirá jamás. Ahí determinamos la infinita consideración del cúmulo de ideas que nos hacen ver lo que determina el llanto, el sufrimiento, la felicidad o el miedo.

Ideas. Siempre tan opuestas, pesadas e hirientes, coherentemente evolutivas y necesarias, peligrosamente dispares en cada recoveco del globo terráqueo. Hasta que punto queremos ser partícipes de ideas ajenas, de creer que controlamos lo incontrolable.

Lo verdaderamente duro de la sutil idea, es que, una vez que nos ha alcanzado, aunque sea en su estado más parcial y mínimo, no hay vuelta atrás. Miles de ideas creadas dispuestas a divagar por nuestras calles y acabar en nuestro cerebro que acabarán cambiándonos parcial o totalmente. Y si todavía puedo ahondar más en la cara oscura de la idea, he de hacer referencia a la inconsciencia.

Ser o no conscientes de si una idea es favorable o desfavorable en algún aspecto es lo que denota la verdadera lucidez personal. Como decía, una simple idea puede convertirnos en seres erráticos, egoístas e incluso malévolos. Pero la importancia de la conciencia radica en su autodeterminación ¿El asesino de verdad conoce el límite que cualquier portador de ideas racionales percibe y que hace ver que el homicidio es una idea verdaderamente despreciable y malévola? Claramente, no. Toda idea tiene una circunstancia explicativa, aunque nunca deba ser justificativa.

Pero no está todo perdido. Una idea, en su infinita capacidad, nos transforma y nos permite evolucionar. He ahí lo hermoso de las ideas; las ideas nunca son simples. Su propia existencia desencadena infinitos procesos en el conocimiento que nos hacen crecer como seres racionales (también irracionales), y, aunque la comprensión de una idea pueda ser simple, las ideas, en su propia existencia, no lo son. Hasta este punto repetía una y otra vez “simple idea”, pero esta consideración ahora me parece errónea.  

Si una “simple idea” hace que una persona quiera dejar todo atrás para proteger a personas con diferentes ideas, si una “simple idea” nos impide olvidar aquel dolor que sentimos tiempo atrás pero nos remite a nuevas ideas que aliviarán nuestro sufrimiento… Si la idea nos permite saber cuándo hemos errado, aunque no evitemos el fallo, ciertamente; se trata de una idea compleja. El compendio de ideas es inabarcable. Se tratan de ideas cuya mera existencia son capaces de modificar, superponerse, evolucionar. ¿Y por qué me parece hermoso? Porque nunca algo tan simple pudo ser tan inmensamente complejo.

domingo, 8 de marzo de 2015

R & L

Dejó de primar el color básico en mis instintos, allá donde el tradicional ritual solía comenzar, ahora solo había un pequeño desquicio disfrazado e impertinente. Un irritante susurro inhibía mis sentidos y los roles se invertían mientras la armonía suscitaba ruido, y entre el ruido maullaba un tal gato de Schrödinger.

Juraría haber recreado esta escena antes, juraría haber vivido esta secuencia musical antes, juraría haber sufrido la tensión arrogante de este silencio  (…)
La composición que solía jugar conmigo en este lugar, en mi cama-templo, sonaba con intensidad pero de manera difusa, como cuando quedan dormidas las extremidades e intentas moverte sin ser consciente del fenómeno. 

Algo debía estar haciendo mal, porque aquel ritual era repetido en mi día a día de manera milimétrica. Todo parecía estar desordenado como si… ah espera, me había puesto los cascos del revés.

sábado, 28 de febrero de 2015

Creación

Flotábamos en un mar de estrellas, las miradas incandescentes de las estrellas fueron nuestras primeras imágenes. Veía dos esferas de luminosidad intermitente, una más grande de color azul, otra de tamaño más reducido, de color roja. De repente empecé a sentir un calor asfixiante, y la fina burbuja transparente de consistencia cristalina que me encerraba se fragmentó, y, con ella, se fragmentaron mis esferas hermanas.

Así conocí a mis hermanos, Terra y Aqua. Al principio todo era divertido, las galaxias nos obedecían como dioses, podíamos crear inteligencia, realidad y patrones allá donde queríamos. Terra jugaba a crear suelo fértil allá donde se proponía, levantaba árboles de altura considerable, generando naturaleza incluso en las entrañas de cada planeta, planetas que él creaba de la nada. Las montañas eran simples camas donde apoyarse para él. Aqua rellenaba cada hueco creado por su hermano, las cascadas podían partir de los lugares más recónditos de la maleza, los ríos cruzaban cada “cama” creada por Terra. Los lagos eran el lugar favorito de Aqua, en ellos se sentía siempre consolada.

Yo no tenía  tanto poder en mis manos, por lo menos a tan corto plazo. Donde ellos ponían el brazo generaban esencia, donde yo ponía el dedo generaba inteligencia. Yo era capaz de crear las condiciones físicas y químicas necesarias para que cada planeta pudiera crear vida inteligente. Generaba las moléculas, las partículas y cada elemento que constituían los seres que yo consideraba crear. Ellos creaban, yo poblaba, por así decirlo. También me encargaba de “generar el juego” necesario para revelar invenciones que yo mismo descubría, puesto que, aunque mi inteligencia era considerable, debía evolucionar cuanto pudiese.

Al principio, como ya decía, todo era idílico, la síntesis perfecta creaba entornos perfectos. Pero un día, cansados de abastecer tantos planetas con vida, rompimos en pedazos toda vida existente, queríamos algo más. Fue bastante cruel, aniquilar lo que consideraba mis creaciones, lo que consideraba mis hijos, me llevó más de un tormento nocturno.
Como decía, queríamos algo más, una creación superior y necesariamente “perfecta” en su plenitud. Nos propusimos trabajar en un planeta revolucionario respecto a nuestros anteriores proyectos, un planeta cuyas condiciones no tuvieran que subsistir necesariamente de nuestra existencia y nos permitiera observar como meros espectadores, “espectadores creadores” que contemplan su mejor obra.

La localización fue encontrada gracias la resolución de la lógica, aunque no conocíamos la infinita cantidad de galaxias y cúmulos estelares existentes, conocíamos un lugar idóneo para colocar nuestra perfecta creación. El lugar estaba resguardado por una inmersa estrella, con la cual siempre nos gustó jugar. De hecho, ese lugar ya fue escogido una vez en nuestro constante juego, donde yo trabajé mi lado más imaginativo de creación con la elaboración de seres aterradores y de dimensiones desmesuradas.

Una vez creado el planeta, nos golpeó la incertidumbre respecto al nombre que debía heredar dicha creación.  Los nombres resultaban ridículos, no había ninguno que consideráramos perfecto. Terra se empeñó en nombrar al planeta; “Tierra”, variando su nombre con el añadido de una “i”. Esa idea me parecía notablemente egocéntrica. Terra siempre fue arrogante, siempre se consideró superior. Aunque yo me considere infinitamente más inteligente, jamás pondría “Machina” a un planeta haciendo referencia a mi nombre. Tras el cansancio de tener que soportar la arrogancia de Terra, finalmente, accedimos a nombrar a nuestra creación como planeta “Tierra”. Lamentable.

Cuando pusimos el nombre prometimos algo primordial “Nadie bajaría jamás, nadie haría acto de presencia en la creación. Hacer acto de presencia ante los seres vivos que habitaran la Tierra llevaría a la posterior destrucción irremediable del planeta por parte de los creadores”. Así juramos entre nosotros, hermanos, que jamás bajaríamos a la tierra bajo ninguna justificación.

Al principio todo era divertido, veíamos al los seres creados por mí evolucionar, aunque lentamente. Lentamente evolucionaba todo por sí mismo. Observar sin actuar se convirtió en un entretenimiento aburrido. Era curioso porque cada evolución procedente del ser original generaba unas creencias y unas dinámicas de vida totalmente opuestas. Unos creían en dioses para cada valor, otros en un único dios todopoderoso que velaba por sus vidas al igual que nosotros observábamos en la distancia. Al principio era entretenido imponer mis invenciones en el planeta, cuando hice caer un rayo sobre aquella madera para hacerla arder fue gracioso, pero posteriormente todo iba adquiriendo más complejidad, así que dejé las invenciones para la imaginación de aquellos seres. La verdad, hice bien, el ser humano era la raza más peculiar que jamás pude haber creado,  evolucionaba por sí misma, y de hecho, creó inventos que no habría tenido en mente nunca.

Todo juego acaba aburriendo, es un hecho que ya habíamos vivido durante años, pero nunca pensé que Terra quisiera traicionar lo que un día juramos. Ya me había dejado caer que la creación necesitaba un nuevo impulso, una “nueva chispa de diversión”. Solamente me lo dejaba entrever a mí.  Aqua siempre andaba en su mundo sensible, le encantaba observar los enlaces emocionales que sentía  el ser humano.

Siempre estuve un poco apartada de mis hermanos, aunque Machina siempre fue algo más sensible, nunca dejó de ser un hombre arrastrado por la arrogancia de Terra, y es que el hecho de ser hermanos ha nublado en él toda realidad negativa que pueda emanar de nuestro ser. Sé que Machina nunca podría hacer acto del juramento que un día nos prometimos, y eso, desgraciadamente, también lo sabe Terra.  Si un día Terra cometiera una traición, Machina no haría nada por evitarlo o castigarlo. Hace tiempo que me dejo caer en el espacio dejándome llevar para no pensar, pero resulta imposible. No puedo evitar sentir que algo va a cambiar todo lo que hemos sido, no sé que se traerá entre manos Terra, pero me temo lo peor. Parece mentira que sea mi hermano, nunca pensé que pudiera pensar así de él.

La galaxia se me queda corta ¿De qué sirve crear sin intervenir? ¿Acaso es divertido estar sentado durante años mirando con los brazos cruzados? Mis hermanos son unos hipócritas, ellos saben perfectamente que están deseando reorientar nuestra creación. Un minuto más mirando este aburrido planeta y me fundo con el sol. Romper el juramento quizás cambie las cosas entre nosotros, pero es la chispa de diversión que tanto llevo esperando. Si de verdad Machina no quiere que baje a la tierra es porque le jode la idea de que transforme su creación, estoy seguro de ello. Y la llorona de Aqua no se entera de nada, siempre está flotando a la deriva en el mar galáctico. Cuando sea absorbida por un agujero negro quizás despierte de su mundo de llantos. Bajaré a la Tierra y sembraré chispas de diversión, no me importan las sentencias.

Definitivamente, él bajó a la Tierra, y  lo hizo con aspecto humano. No recuerdo con que nombre se hizo llamar, pero desde el cielo veía como no perdía el tiempo. Podría haber intervenido o haber avisado a Aqua, pero quise dejarle un margen de tiempo para ver si se arrepentía. Pero me equivoqué, al cabo del tiempo, se convirtió en toda una deidad en la Tierra. Miles de personas seguían sus pasos, unos adoctrinaban sus enseñanzas mientras otros levantaban edificios en su nombre. Se produjo lo que siempre tratamos  de evitar, la creación de un verdadero dios. Una gran mayoría hacia caso a sus órdenes morales, pero existía una minoría que afilaba sus cuchillos en silencio con pretensión de derrocar su poder. Hundido por el pensamiento de que mi hermano fuera sepultado en su propia tumba, confesé todo a Aqua.

No había visto nunca a mi hermana actuar así, de todas las posibilidades que esperaba como reacción, nunca habría barajado lo que ella trataba de decir. Juramos destruir el planeta si era corrompido por la actuación de alguno de nosotros, pero ella decía que no era justa esa decisión. Durante miles de años se habían forjado familias, enlaces emocionales, seres queridos que habían superado los más aterradores obstáculos. Seres que habían llegado a amar y cuya bondad no tenía límites.

“Si él ha decidido bajar a la Tierra como un dios, debe actuar como un dios”. En su momento no entendí muy bien que quería decir, pero acabé por descifrar el cruento mensaje. Si de verdad había bajado para ejercer de dios, debía acatar la acción de dios, y todo dios debe anteponer su vida como condición de perfección moral.

Fue injusto modificar el castigo. Terra sabía que éramos hermanos, esa condición tan solo limitaría el castigo a lo acordado; “destruir la tierra”. Pero él no sabría jamás que había cavado su propia tumba y moriría para salvar a la tierra de su propia destrucción.

Con el paso de los años, la minoría que afilaba sus cuchillos se agrupó en mayoría, y Terra comenzó a sentir el miedo en todas sus facetas. Acorralado en un mar de pánico, nos llamó a gritos para que le ayudáramos. Aqua fue recta en todo momento, yo no fui capaz de soportar tan pesada carga. Aunque mi hermana me prohibió contestar sus suplicas, yo le contesté sin dudarlo. No podía dejar de lado sus llantos, debía despedirme de él…

Me habéis abandonado hermanos. Me habéis dejado cavar mi propia tumba. Siempre nos separó nuestra condición personal. Aunque no nos entendimos en todo momento, siempre fuimos felices en conjunto y siempre tuvimos recuerdos felices en mente. Aún recuerdo la primera vez que jugábamos a construir nuestros escenarios; aquella vez que hice mal mi primera montaña y fui a apoyarme, desplomándose entera, aquella vez que Machina creó seres ciegos que andaban y chocaban con todo, cuando Aqua hizo su primer charco y estuvo llorando durante días…
¿Esto es lo que significa ser Dios verdad? ¿Eso es lo que queréis hacerme ver? Toda acción debe tener una repercusión, si yo he creado el problema existiendo aquí, debo solucionarlo dejando de existir aquí. Prefiero irme por mí mismo antes de sentir el dolor por parte ajena. Con este cuchillo me despido, hermanos…








































“¿De verdad creías que íbamos a dejarte a la deriva, hermano?”. Las palabras de Aqua resuenan a diario en mi cabeza desde que Terra volvió con nosotros. Resulta que Aqua no tenía pensado en ningún momento dejar a su hermano de lado, solo quería que aprendiera la lección. Terra sonrío como no había sonreído nunca cuando volvió a sentir la presión del espacio y la mirada incesante de las estrellas. 

No puedo creer que Aqua me haya engañado, a mí, Machina, el ser más inteligente de todo el universo. Definitivamente, la Tierra no volverá a toparse con ningún nuevo dios.

“¿No querías chispas de diversión Terra?”  (…)