viernes, 9 de octubre de 2015

Superposición Irracional; Un Raciocinio Contextual

Más allá del origen mismo del ser humano, nuestras  manos han sabido construir una significación simbólica fruto de la simbiosis de nuestros sentidos, que por una parte nos han permitido adaptar el entorno natural hacia nuestros intereses y manipular la vida en un “antojo racional”, con nuestras carencias reales guiadas por la base instintiva y sobre un contexto racional, en cuanto es aplicada al ser humano como el conocimiento necesario para explicar todo fenómeno circunscrito a toda actividad, la episteme de lo real, siempre bajo nuestro “mundo conceptual”.

La creación de significación nos permite conferir al mundo atributos como lo “real”, lo “mundano” o lo “aparente”. Desde la primera conciencia humana se creó la primera significación de mayor prioridad y trascendencia, o por lo menos, la realidad menos real en la conciencia humana; la encarnación de un ser superior cúmulo de nuestras mayores carencias y virtudes, simbolización perfecta del equilibrio necesario para desenvolver el nudo inexplicable de todo lo observable “La existencia de Dios no es atribuida en sí misma como real, en tanto que es una mera significación creada por y para el hombre. Fuera de tal representación simbólica, la existencia de dicha entidad pierde toda su significación, es por ello, un raciocinio contextual” El concepto de “raciocinio contextual” hace referencia a la elaboración simbólica fruto  de las condiciones espacio temporales que rigen el presente, es decir, toda aquella acepción elaborada bajo el raciocinio que depende de las coordenadas espacio temporales ligadas a las circunstancias históricas, políticas, económico-sociales que adquieren el valor de realidad en sí misma bajo la perspectiva del momento. Una mera construcción simbólica que adquiere la conceptualización de construcción real bajo la conciencia del momento. “Una realidad susceptible de ser superpuesta es aquella cuya explicación solo puede ser entendida bajo las condiciones espacio temporales del momento. Aquella realidad cuya construcción simbólica remite a un marco contextual global y comprensible desde el antes y el después es susceptible de perdurar, es decir, es susceptible de superponer su aspecto real bajo significación construida por el ser humano para adquirir el valor de realidad bajo significación en sí misma”.

Hay dos tipos de realidades; por un lado disponemos de la realidad simbólica, fruto de la construcción regulada bajo la interacción emocional y racional del ser humano, posiblemente entendible por toda conciencia tras desglosar su núcleo teórico, pero inentendible bajo la práctica instintiva, por otro, tenemos presente la realidad existente, es decir, aquella que existe bajo su condición misma de existencia. Es aquella cuya comprensión es irrevocable en toda conciencia, sea explicable teóricamente o manifestada por la práctica. Un ejemplo clarificará lo anterior. Cuando el ser humano observa el entorno e intenta explicar su funcionamiento recurre a la construcción racional y a la asociación de conceptos existentes por sí mismos. Cuando cogemos una manzana y la soltamos, sabemos por la práctica que dicha manzana caerá hasta tocar el suelo. Esta dimensión engloba la realidad existente, aquella que existe por sí misma en tanto que es innegable para todo ser humano. Desde la perspectiva teórica, haríamos alusión a un conjunto de explicaciones en la que entrarían el concepto de gravedad, cuya identificación ha sido fruto de una construcción simbólica por parte de un ser humano. Cuando una persona que desconoce dicha teoría observa caer una manzana, hace alusión a una realidad instintiva, una realidad existente bajo toda condición. Cuando analizamos los procesos que han sido experimentados y que explican la caída de dicha manzana asimilamos la realidad simbólica, fruto de la construcción subjetiva de los elementos extraídos del entorno.

En efecto, Dios no se ha creado, Dios ha sido creado por y para el hombre bajo unas circunstancias que son inentendibles en el “ahora”, es irremediablemente “una realidad susceptible de ser remplazada”  en tanto que sus valores iniciales no pueden competir con las circunstancias del momento. El ser humano creó a Dios en unas determinadas coordenadas espacio temporales condicionadas por las pretensiones, carencias y pensamientos de dicho momento, por consiguiente, sus valores no pueden ser entendidos a medida que la realidad ejerce su irremediable curso y cuyos valores son superpuestos. La condición de Dios dispone de la condición de perfección, por lo menos desde la significación del ser humano. Si bajo dicha condición de perfección ha construido unos valores y los ha integrado en la realidad humana, dichos valores deberán abarcar la condición humana desde toda concepción espacio temporal, es decir, Dios debería haber establecido unos valores que pudieran extenderse desde el momento de su instauración hasta nuestros días. En cambio, vemos como dichos valores son superados a medida que evolucionan los factores históricos, políticos y económico-sociales.

¿Dónde queda entonces la visión global de una entidad todopoderosa que preserva el equilibrio humano si es una mera realidad entendible desde unas lejanas y determinadas condiciones espacio-temporales? De englobar Dios la condición de perfección esto no ocurriría, considerando que la concepción de perfección ha sido asignada por la construcción simbólica del ser humano. De ello extraemos tres posibilidades; la posibilidad de que Dios en su existencia no sea perfecto, por lo que dejaría de cargar con la acepción simbólica de “Dios”, la posibilidad que nos hace reflexionar que al ser perfecto bajo la construcción simbólica del ser humano y no ejercer dicha perfección se compruebe que Dios, en efecto, no existe, o por lo menos, dentro de dicha construcción simbólica del ser humano, quedando en una mera pretensión de buscar un elemento equilibrador, y por último, que Dios hubiera existido en aquellas circunstancias espacio temporales en el que fue creado y construido por el ser humano, pudiendo ser entendidas solo desde el momento de su existencia y haciéndonos reflexionar sobre un “Dios muerto” e inentendible en el presente.