Más allá del origen mismo del ser humano, nuestras manos han sabido construir una significación
simbólica fruto de la simbiosis de nuestros sentidos, que por una parte nos han
permitido adaptar el entorno natural hacia nuestros intereses y manipular la vida
en un “antojo racional”, con nuestras carencias reales guiadas por la base
instintiva y sobre un contexto racional, en cuanto es aplicada al ser humano
como el conocimiento necesario para explicar todo fenómeno circunscrito a toda
actividad, la episteme de lo real, siempre bajo nuestro “mundo conceptual”.
La creación de significación nos permite conferir al mundo
atributos como lo “real”, lo “mundano” o lo “aparente”. Desde la primera
conciencia humana se creó la primera significación de mayor prioridad y
trascendencia, o por lo menos, la realidad menos real en la conciencia humana;
la encarnación de un ser superior cúmulo de nuestras mayores carencias y
virtudes, simbolización perfecta del equilibrio necesario para desenvolver el
nudo inexplicable de todo lo observable “La existencia de Dios no es atribuida
en sí misma como real, en tanto que es una mera significación creada por y para
el hombre. Fuera de tal representación simbólica, la existencia de dicha
entidad pierde toda su significación, es por ello, un raciocinio contextual” El
concepto de “raciocinio contextual” hace referencia a la elaboración simbólica
fruto de las condiciones espacio
temporales que rigen el presente, es decir, toda aquella acepción elaborada
bajo el raciocinio que depende de las coordenadas espacio temporales ligadas a
las circunstancias históricas, políticas, económico-sociales que adquieren el
valor de realidad en sí misma bajo la perspectiva del momento. Una mera
construcción simbólica que adquiere la conceptualización de construcción real
bajo la conciencia del momento. “Una realidad susceptible de ser superpuesta es
aquella cuya explicación solo puede ser entendida bajo las condiciones espacio
temporales del momento. Aquella realidad cuya construcción simbólica remite a
un marco contextual global y comprensible desde el antes y el después es
susceptible de perdurar, es decir, es susceptible de superponer su aspecto real
bajo significación construida por el ser humano para adquirir el valor de
realidad bajo significación en sí misma”.
Hay dos tipos de
realidades; por un lado disponemos de la realidad simbólica, fruto de la
construcción regulada bajo la interacción emocional y racional del ser humano,
posiblemente entendible por toda conciencia tras desglosar su núcleo teórico,
pero inentendible bajo la práctica instintiva, por otro, tenemos presente la
realidad existente, es decir, aquella que existe bajo su condición misma de
existencia. Es aquella cuya comprensión es irrevocable en toda conciencia, sea
explicable teóricamente o manifestada por la práctica. Un ejemplo clarificará
lo anterior. Cuando el ser humano observa el entorno e intenta explicar su
funcionamiento recurre a la construcción racional y a la asociación de
conceptos existentes por sí mismos. Cuando cogemos una manzana y la soltamos,
sabemos por la práctica que dicha manzana caerá hasta tocar el suelo. Esta
dimensión engloba la realidad existente, aquella que existe por sí misma en
tanto que es innegable para todo ser humano. Desde la perspectiva teórica, haríamos
alusión a un conjunto de explicaciones en la que entrarían el concepto de
gravedad, cuya identificación ha sido fruto de una construcción simbólica por
parte de un ser humano. Cuando una persona que desconoce dicha teoría observa
caer una manzana, hace alusión a una realidad instintiva, una realidad
existente bajo toda condición. Cuando analizamos los procesos que han sido
experimentados y que explican la caída de dicha manzana asimilamos la realidad
simbólica, fruto de la construcción subjetiva de los elementos extraídos del
entorno.
En efecto, Dios no se ha creado, Dios ha sido creado por y
para el hombre bajo unas circunstancias que son inentendibles en el “ahora”, es
irremediablemente “una realidad susceptible de ser remplazada” en tanto que sus valores iniciales no pueden
competir con las circunstancias del momento. El ser humano creó a Dios en unas
determinadas coordenadas espacio temporales condicionadas por las pretensiones,
carencias y pensamientos de dicho momento, por consiguiente, sus valores no
pueden ser entendidos a medida que la realidad ejerce su irremediable curso y
cuyos valores son superpuestos. La condición de Dios dispone de la condición de
perfección, por lo menos desde la significación del ser humano. Si bajo dicha
condición de perfección ha construido unos valores y los ha integrado en la
realidad humana, dichos valores deberán abarcar la condición humana desde toda
concepción espacio temporal, es decir, Dios debería haber establecido unos
valores que pudieran extenderse desde el momento de su instauración hasta
nuestros días. En cambio, vemos como dichos valores son superados a medida que
evolucionan los factores históricos, políticos y económico-sociales.