Todos hemos soñado con ser los héroes de nuestra época, de cambiar aquellos aspectos de la vida que nos ocasionan dolor y hacer de la tierra un mundo más equitativo y sostenible ¿Te imaginas tener la capacidad de un dios? ¿De poder decidir quién vive y quién muere? Es impensable barajar estas hipótesis porque sabemos que es imposible, “ni si quiera hemos terminado nuestra carrera universitaria y ya queremos salvar el mundo”. Pero como bien veremos, hasta un sobresaliente estudiante universitario puede ser el mayor antihéroe del universo si el juego azaroso del efecto mariposa lo desea. Llegados a este punto, quién no ha tenido la sensación de pensar “es un criminal, no merece vivir” cuando ha visto en el informativo la detención de una persona por cometer fríos homicidios sin escrúpulos y ocasionar dolor a gente inocente. Si tú pudieras tener la capacidad de decidir, bajo tu juicio, integridad y moralidad, si esas personas merecen o no la pena de muerte ¿Lo harías? Pero rozando el límite de la cordura ¿Serías capaz, mediante una habilidad llevada en la sombra, y a espaldas del mundo que te rodea, de poder matar sin escrúpulos a aquellos que consideras asesinos?
Death Note nos pone continuamente a prueba en las cuestiones anteriormente planteadas, jugando con el espectador hasta el punto de rozar los límites morales y llegando a plantearnos si “es licito asesinar asesinos”. Una moral desmoralizada en la que quitar vidas homicidas nos convierte en redentores de un mundo justo, sin llegar a catalogarnos como vulgares asesinos y convirtiendo nuestra finalidad en la simple labor de una deidad omnipotente. Un animado “Dexter” en el que nuestros protagonistas lucharán por decidir su propia justicia, una lucha policiaca donde “ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos”, en la que la verdad nunca será absolutamente justa.
Pero lo interesante de esta historia, no es que esta capacidad de ser un “héroe homicida” sea elegida por el destino ni por la latente intención de un potencial antihéroe, ni mucho menos, sino que es un acto puramente azaroso. La historia desenvuelve su curso en Japón, pero para ello hemos de hablar de las nociones espirituales del universo de la serie. Death Note nos revela un cielo habitado por seres espectrales denominados “shinigamis”, quiénes se encargan de vigilar la vida de los seres humanos, controlando los días y las horas de vida que les quedan gracias a sus analíticos ojos, los cuales pueden leer el flujo de cada vida. Digamos que este decoro de personajes, muy relevante en la serie, son meros funcionarios que, cuando ven que el contador se acaba, eliminan a dichas personas. Ello lo hacen a través de un libro denominado “Death Note”. En él, tras escribir el nombre completo y teniendo una imagen del rostro de la persona, pueden matar a dicha persona de un infarto. Encontramos una clara diferenciación laboral e identificación del cielo con el transcurso funcionario japonés. La serie nos muestra unos seres que trabajan durante día y noche, cuyo tiempo es muy aburrido debido a su reiteración y cotidianidad en el transcurso de sus días. Partiendo de la metaforización, Ryuk, cansado de su vida funcionaria lineal e inexpresivamente alterna, decide “perder” su libro en el mundo humano, dejándolo caer de forma azarosa. De esta manera, alteraría el mundo humano y haría su vida más divertida y entretenida.
El impacto y la cercanía que adquiere esta serie radican en la apariencia de todos sus personajes; nada es lo que parece. Light Yagami, es un prestigioso estudiante universitario con un alto coeficiente intelectual, aplicado y responsable de cara a los estudios y con una presencia en clase respetadísima por sus profesores, que ven en él la persona más inteligente de la universidad. Este punto es crucial, puesto que Death Note nos presenta un ideal férreo de pureza y nobleza, un personaje que desde el primer capítulo se muestra sólidamente justo y con un gran futuro por delante. Pero no es sino una moneda con doble cara, y este término es importantísima en el mundo conceptual que nos depara la serie. Light Yagami encuentra de manera fortuita el libro de muerte, denominado Death Note, tirado en el patio de la universidad. Lo que no sabría es que desde ese punto comenzaría a perder los estribos de sus férreos ideales y pasaría injustificablemente a ser un asesino más. Inicialmente, y dada su amueblada cabeza, se muestra reticente a creer que el libro es real (el libro viene con las normas detalladas que explican sus funciones y su metodología de uso), pero tras realizar una prueba y conocer la existencia de Ryuk, comprueba que, efectivamente, es real todo lo que viene detallado en el libro, y decide tomarse la justicia por su mano.
Esta nueva capacidad adquirida hace que nuestro joven protagonista pierda el control de su mente, evolucionando hasta el punto de “creerse un dios justo” que mata a criminales para liberar al mundo de su explícito dolor. Un personaje ambiguo en al que no sabremos si apoyar u odiar realmente. Este elemento narrativo nos parece muy profundo, en él encontramos como cualquier insignificante apariencia puede esconder tras de sí un monstruo inmoral deseando salir. Un monstruo que puede estar oculto en cualquier persona; nuestros vecinos, hermanos… Incluso en nosotros mismos, pero al que no damos rienda suelta por condiciones limitadas de la vida ¿Si tuviéramos dicho libro, llegaríamos a barajar asesinar asesinos?
Ante las extrañas muertes ocasionadas en las cárceles de Japón (tengamos en cuenta que Light puede matar a distancia sin dejar pruebas), emerge una fuerte eminencia de la investigación desde la sombra para atrapar a Light; este detective se hace llamar como L. Dicho detective es el investigador más inteligente de Japón y reta directamente al asesino para comenzar una batalla intelectual. Es aquí cuando comienza una lucha de investigación encarnada por dos bandos notablemente superdotados y con capacidades inusuales, en la que un paso en falso o un simple despiste pueden producir la derrota directa o, lo que es peor, la muerte. Esta lucha es un perfecto puzle increíblemente ensamblado por los guionistas, que harán de nuestra cabeza un comedero en el que nuestras ideas bailarán de unos ideales a otros, a fin de querer apoyar a ambas fuerzas.
Críticamente, Death Note es una joya indispensable de ver; una investigación meticulosamente elaborada en la que L y Light “se pican” por demostrar quién es el más inteligente de Japón y en la que el espectador deberá elegir un bando en función de sus propios ideales. Pero no solamente destaca en el género policial, sino también en el género ficcional por incluir un elemento fantasmagórico más allá del mundo terrestre debido a la inclusión de los shinigamis que acompañarán a Light, y de los que se beneficiará a lo largo de la serie. Cuando Death Note parece encontrar linealidad inesperada, surge un tercer género de romance en el que nuestro joven asesino deberá generar coartadas más elaboradas a fin de poder seguir cometiendo asesinatos justificados en la sombra. Suspense adictivo, trágica red predestinada, vaivén de emociones y un “bello y espectacular tablero de ajedrez” donde el género de ficción, romance e investigación se funden para dar lugar a una increíble historia donde aprenderemos a odiar y a querer por igual a los protagonistas que nos ofrece esta particular serie.





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