Dejó de primar el color básico en mis instintos, allá donde el
tradicional ritual solía comenzar, ahora solo había un pequeño desquicio
disfrazado e impertinente. Un irritante susurro inhibía mis sentidos y los
roles se invertían mientras la armonía suscitaba ruido, y entre el ruido
maullaba un tal gato de Schrödinger.
Juraría haber recreado esta escena antes, juraría
haber vivido esta secuencia musical antes, juraría haber sufrido la tensión arrogante
de este silencio (…)
La composición
que solía jugar conmigo en este lugar, en mi cama-templo, sonaba con intensidad
pero de manera difusa, como cuando quedan dormidas las extremidades e intentas
moverte sin ser consciente del fenómeno.
Algo debía estar haciendo mal, porque aquel ritual era
repetido en mi día a día de manera milimétrica. Todo parecía estar desordenado
como si… ah espera, me había puesto los cascos del revés.
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