Normalmente, la convivencia en familia suele tener
recovecos oscuros e inquietantes a causa de discrepancias de edad e intereses
ocasionales. Y es que todos hemos sido
niños alguna vez y nos hemos encaprichado de tener una televisión en
nuestro cuarto, de que nos compraran un móvil o de tener una mascota en casa.
En una familia normal, si el hijo o la hija pidiera un móvil en casa, el padre
diría que no es el momento de comprar un móvil y la madre blandamente diría que
no (una familia de gastos humildes). En el caso de esta peculiar y distintiva familia… Todo está trastocado hiperbólicamente.
Cuando pensamos en una familia estándar ¿Qué nos viene
a la cabeza? Un padre recto con cabeza que suele abogar por el recorte y gastar
coherentemente a fin de ahorrar para cosas más importantes y una madre que aunque
cede, no deja de tener un lado más maduro y apoya al padre incondicionalmente.
Cuando vemos la familia de La Niña Repelente, al instante
perfilamos los personajes como el álter
ego de la convencional familia.
Esta serie no está hecha para mostrarnos de forma
costumbrista las experiencias de nuestra infancia, sino para dotarlas de humor
a partir de agrandadas hipérboles en
las que se desenvuelve perfectamente el humor
negro, la presencia de gags visuales
bastante llamativos y humorísticos debido a su concordancia con la
contemporaneidad y el uso de la voz
andaluza que incluso podría jugar el rol de continuo gag sonoro gracias a su característica pronunciación que tanto
gusta en la península para la comedia.
Margarita es la principal protagonista de la casa;
una niña pequeña que destaca por su egoísmo, por sus chantajes manipuladores e
incluso por sus amenazas y mal habladurías irrespetuosas, a pesar de ser una
niña que abarca la infancia. El núcleo argumental del capítulo es como una reminiscencia de nuestra infancia
“¿Papá, me compras un móvil?”, “Todos en clase tienen uno”. Y es que el poder
de empatía de este capítulo reside en narrar una experiencia tan nítida que
todos hemos vivido y que seguramente acabó igual que en este capítulo (no
encendiendo el gas, sino sin que los padres cedieran a comprar ese dichoso
móvil).
Por otro lado encontramos al padre, que hace
literalmente de “cojín humano” amueblado en su sofá mientras que visualiza con su
mirada hueca la televisión a modo de persona inerte. Este elemento ya empieza a
mostrarnos el típico padre moderno perfilado en las sitcoms animadas; una persona que ama su televisión, que prefiere
estar tumbado a la bartola sin responsabilidades y que, ciertamente, tiene en
lugar de cerebro un espumosa cerveza fijada en la cabeza. De esta manera vemos
un personaje irresponsable que ejemplifica el mítico “zombie humanizado” por la nueva era digital y televisiva que se
encuentra inmerso en una pasividad enorme en la que destaca por su
incompetencia y simplona tontería. De esta forma, el tradicional rol de “autoridad”
ejemplificado por el padre es obviado por la niña que aparece como una persona
drásticamente infantiloide, egoísta, manipuladora e irritante “Déjalo, porque
voy a hablar mejor con mamá que es la inteligente del matrimonio”.
Tras ver al perezoso mono ensamblado en su jaula
televisiva, muchos seguramente pensamos “Ya está, la madre debe ser el brazo
firme de la casa”, pero cuán de grande es la sorpresa al ver que la madre está
en un estado más vegetativo que el padre. La madre en este capítulo piloto (y a
lo largo de la serie) juega un papel fundamental en el gag visual; la serie nos presenta una madre con depresión envuelta
en un mundo de pastillas donde los ojos bailan a la virulé y su mente parece estar en cualquier otra dimensión lejana a
la existente. A pesar de ello (irónicamente) la madre es el brazo dominante de
la familia. Como para pedir ayuda ante alguna urgencia a estos dos enseres zombificados.
La presentación
de los personajes se hace de forma instantáneamente perfecta a través de su mera mostración, mostrando sus cualidades y
defectos visual y narrativamente de
forma concisa, sencilla y clara. Este elemento, en oposición a su
competidora de práctica Calico Electrónico está mejor elaborada,
puesto que en dicha serie el capítulo piloto no llegaba a revelar el verdadero
potencial de los personajes y solo nos dejaba entrever la línea que
caracterizaría la serie. La Niña Repelente deja las ideas claras desde el primer momento;
una niña manipuladora que hará todo lo
posible por conseguir sus propósitos aprovechándose de las incapacidades
manifiestas de sus padres y el entorno que le rodea.
La
Niña Repelente coge
tus experiencias, las echa en una batidora, añade sus especias características
del formato humorístico de sitcom animada y mediante un cóctel, nos ofrece
intensas situaciones en las que suscitaremos sonrisas ante las
maquiavélicas aventuras propuestas en este formato de miniserie digital. Pero la verdadera apuesta de esta serie es llevar al extremo cualquier situación normalizada por su verosimilitud y
crudeza y dotarle una exageración malévola que culmina en ocasiones en un humor
negro atenuado impensado en una niña inmersa en plena infancia. Ahí radica la
originalidad, aunque siempre ha estado presente el perfil de “niño travieso”
que ocasionaba bromas en decoro de personajes respectivos, pocas veces se había
mostrado una visión tan macabra de una mente
infantil que incluso puede rozar lo esperpéntico y la violencia más propia
del cine postmoderno, tan fuera de lugar en una niña.
Para ver La Niña Repelente tenemos que invertir todos los roles familiares. Es
como imaginar que nuestro propio hijo es el líder de la casa mientras que
nosotros estamos enfrascados en nuestro mundo infantil, siendo unos padres
aplicados pero fuera de lo común a causa de nuestra “mentalidad zombie”; falta de coherencia y autoridad. Esta particular
familia nos recuerda al mítico juego del
buscaminas; un tablero donde aparecen numerosas casillas y el jugador tantea
el terreno consiguiendo todos los puntos que pueda antes de encontrar la mina y
explotar por los aires. En este caso, Margarita intentará conseguir sus
propósitos tanteando a sus padres y a las personas que le rodean, llevando al
extremo cada situación ¿Y qué pasa
cuando Margarita en su cabezonería se cansa de buscar por el amplio tablero del
buscaminas? Pues que explota, y, como consecuencia, deja ver una niña maquiavélica que ofrece situaciones
disparatadas que rozan el peligro mortal capítulo a capítulo.




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