jueves, 3 de diciembre de 2015

El Noble Arte de La Nada

–Ten cuidado Miles, cualquier paso sincopado podría desenfrenar una repentina carrera para evadir nuestra muerte, y quiero tornar con la cabeza bien asentada, aunque sea para degustar el aliñado equolis que tan ardua labor requiere en la cocina y que nuestra madre lleva toda la tarde estrujando.

–Siempre igual de llano Statione, aún no creo que me ofrecieras pasear más allá de la explícita y marcada valla que separa nuestra humilde choza del vasto páramo natural.

–No entiendo por qué me infravaloras hermano, sólo soy responsable y consecuente con las palabras de padre. Para una vez que quiero fraccionar el legado fidedigno que me he ganado durante estos años y ahora el valeroso Miles se convierte en un sucio pastor de ingrems tembloroso porque un hambriento ursem le ha acorralado.

–Te esfuerzas por parecer el genio de la familia, y ni si quiera creo que tus palabras encuentren significado alguno en ese yunque que tienes por cabeza.

–Al menos este yunque sirve para moldear conocimientos, y fíjate, ni si quiera el fuego consiguió ahumar mi ingenio y astucia aquella noche que casi hiciste arder nuestros preciados ojos.

–No doy crédito, eres incapaz de coser con tu ingenio ese par de labios que producen en mí ciclos homicidas en cada palabra que dañinamente esbozan.

–Mientras tu cerebro se esfuerza por encontrar una respuesta mínimamente desafiante, intenta centrarte al menos en la labor de encontrar lo que llevamos horas buscando. Por cada palabra que sueltas, se escapan mis insignificantes ganas de haberte traído aquí conmigo.

–Como bien dice el refranero petreo “el verdadero desafío es superado cuando el corazón del guerrero muestra sus heridas con fortaleza y alza su dolor como advertencia de resistencia”.

–Página 67 del bestiario petreo ¿Has vuelto a coger uno de mis libros Miles? Si apenas sabes leer nuestro idioma, hermanito.

–Cállate, lo vi en tus anotaciones.

–Bueno, bueno. No perdamos más el tiempo con estas palabras invisibles y encontremos las preciadas flagus. Ya me estoy imaginando las palabras de padre “Mira por donde, el estudioso Statione y el tozudo Miles volviendo orgullosos de una aventura infantil”.

–Más bien lo imagino así “¡Leila, trae el amorata-ojetes!”.

–La verdad es que quiero mucho a padre, pero cada vez que nos tumba sobre las espinas del jardín y nos golpea insistentemente, me dan ganas de ir a la librería, arrancar cada hoja de mis más de 50 libros, y metérselas una a una por su culo.

–Sigo sin entender que hacemos en este páramo vegetal hablando del ojete de nuestro padre. Por favor, centrémonos, que la noche acecha como wolfgang en vela cuyo sofisticado olfato no puede dormir ante tanta cercana presa.  

–De verdad, deja de coger mis libros. Ni si quiera tiene coherencia lo que dices. Primero, los wolfgangs no duermen por la noche, segundo, deja de coger mis libros. Si seguimos divagando por este páramo llegaremos al lago de las kirlas, y, aunque por una parte arde en mí la oportunidad de demostrar lo que leo en mis libros, no me gustaría corroborar la leyenda de dicho lago.

– ¿Qué ocurre allí? ¿Se aparean fervientemente los treeks a la luz de la luna llena?, ¿O quizás sea un baño clandestino dónde vas cada noche a sacudírtela mientras madre y padre duermen? De ser así, hay que estar desesperado para andar a la deriva tanto tiempo para sacudirse la antorcha.

–Si se supone que he de rebatir tales tonterías… Siéntate en aquel pedrusco mientras intentas hacer uso del trozo de madera  que tienes por cabeza. 

–Mejor madera que hojarasca entintada.

–No sé si sabrás lo que son las kirlas Miles, aunque, realmente, no sé por qué se pluraliza la palabra, dicho así parece que se traten de monstruitos o seres de una misma raza.

–Céntrate, que si al menos vas a contar algo interesante me gustaría que no te explayaras con tus  memeces.

–Tal y como cuentan las historias de media noche,  dista de hoy en el tiempo un doloroso amor que se cobró una vida. Una joven, habitante del poblado vecino de Enmiure, se hallaba enamorada de un apuesto muchacho que trabajaba en la herrería local con su padre. Digamos apuesto por decir algo, pues se rumoreaba por aquel entonces que dicho muchacho se aferraba a cualquier pierna suelta que encontraba en la noche.

–Lo que viene siendo un triunfador, como yo vamos.

–No sé dónde encuentras triunfo en utilizar a las mujeres como pañuelo de quita y pon, pero bueno, el tema es que el joven herrero embaucaba a las jóvenes y las llevaba al lago que antes te comentaba. Y como bien piensas, una vez usadas las mujeres por él, eran enterradas en un umbral frío y de desprecio en el que los puercos tenían más valor que las mujeres.

–Ya me estoy viendo el típico triángulo amoroso; el puerco, el herrero y la joven. Todo muy erótico, sí señor.

–La joven, estando perdidamente enamorada del herrero, se dejó embaucar hasta aquel lago que tienes en la punta de tus ojos. Pero pobre de ella, pues pensaba que podrían estar juntos para siempre.

–Típico de las mujeres, tras un polvo ya están maquetando vidas perfectas fruto de ensueños irrisorios y novelescos, aunque luego quieran seguir desempolvando sus alerones calenturientos.

–Eres un burro, que lo sepas. Normal que la gente extrañe encontrar parentesco alguno entre tu figura y la mía. Por dónde iba… Ah sí. La mujer, obsesa en su mundo de romance empedernido (que en verdad era ilusión de su propia mente, pues según leí el herrero no se comprometió en ningún momento a salir con aquella joven) comenzó a seguir al herrero a todas partes a fin de comprobar si eran ciertos los rumores. Y efectivamente, llegó la noche clave en esta historia.

–¿La noche en la que por fin te callabas?

–Casi pero no. La noche en la que, en este lago, encontró a su amado sollozando en brazos de otra mujer. Como era de esperar en esta típica historia, la joven salió de su escondite para embadurnar de barro a la arpía que estaba frota que te frota con el “amor de su vida”. No sé como llegaría a pasar, pero, la joven, dolida por todo lo ocurrido, maldijo al herrero gritando “Estaré siempre observándote, día y noche, desde nuestro preciado lago” y…

–Y, cómo no, la joven se lanzó al lago y dejo hundir su figura en el fondo mientras sus lágrimas hacían subir noche a noche el volumen del lago.

–¿Cómo lo has sabido?

–Estaba bromeando, aunque la verdad, era muy previsible. Me esperaba más de tu historia, Station.

–Sí, pero, la mejor parte es esta. Se dice que, noche a noche, se puede vislumbrar la figura de la joven si se deja postrar la mirada hacia el fondo del lago. Incluso se dice que, algunas noches, la joven muchacha sale del fondo del lago para deambular por sus orillas mientras llora en el silencio de la noche, y que no es muy receptiva a encontrar hombres. No hace falta decir qué ocurre si encuentra a un hombre en su preciado lago.

–Un polvete gratuito no estaría mal.

–Desde aquel suicidio de la joven en el lago, se denomina el Lago de las Kirlas. Y supongo que te preguntarás el por qué de kirlas. Pues resulta que, desde aquella noche hasta la actualidad, muchas jóvenes dolidas por sus relaciones amorosas han ido a parar a este lago, dejando sumergir sus cuerpos en su fondo y uniéndose a ese mar de lágrimas ocasionado por cuerpos dolidos…

–Qué bonito pero ¿Eres consciente de que estamos en la entrada de ese laguito tan fantástico que espera a hombres guapos cada noche para estrangularlos?

–Mira el lado bueno Miles, el guapo de la familia eres tú. Yo solo soy el listo.

–Casi que será mejor volver, padre tendrá ya preparado el amorata-ojetes y no quiero perderme tan apasionante evento.

 –Y luego el valiente eres tú, tanta bravía con las mujeres y prefieres elegir el amorata-ojetes de padre  antes que ver a una espectral figura femenina en un lago nocturno.

–No le encuentres el sentido, como bien has dicho, el listo de la familia eres tú, Statione.