Flotábamos en un mar de estrellas, las miradas incandescentes
de las estrellas fueron nuestras primeras imágenes. Veía dos esferas de
luminosidad intermitente, una más grande de color azul, otra de tamaño más
reducido, de color roja. De repente empecé a sentir un calor asfixiante, y la
fina burbuja transparente de consistencia cristalina que me encerraba se
fragmentó, y, con ella, se fragmentaron mis esferas hermanas.
Así conocí a mis hermanos, Terra y Aqua. Al principio todo
era divertido, las galaxias nos obedecían como dioses, podíamos crear inteligencia,
realidad y patrones allá donde queríamos. Terra jugaba a crear suelo fértil
allá donde se proponía, levantaba árboles de altura considerable, generando
naturaleza incluso en las entrañas de cada planeta, planetas que él creaba de la nada. Las montañas eran
simples camas donde apoyarse para él. Aqua rellenaba cada hueco creado por su
hermano, las cascadas podían partir de los lugares más recónditos de la maleza,
los ríos cruzaban cada “cama” creada por Terra. Los lagos eran el lugar
favorito de Aqua, en ellos se sentía siempre consolada.
Yo no tenía tanto
poder en mis manos, por lo menos a tan corto plazo. Donde ellos ponían el brazo
generaban esencia, donde yo ponía el dedo generaba inteligencia. Yo era capaz
de crear las condiciones físicas y químicas necesarias para que cada planeta
pudiera crear vida inteligente. Generaba las moléculas, las partículas y cada
elemento que constituían los seres que yo consideraba crear. Ellos creaban, yo
poblaba, por así decirlo. También me encargaba de “generar el juego” necesario
para revelar invenciones que yo mismo descubría, puesto que, aunque mi
inteligencia era considerable, debía evolucionar cuanto pudiese.
Al principio, como ya decía, todo era idílico, la síntesis
perfecta creaba entornos perfectos. Pero un día, cansados de abastecer tantos
planetas con vida, rompimos en pedazos toda vida existente, queríamos algo más.
Fue bastante cruel, aniquilar lo que consideraba mis creaciones, lo que
consideraba mis hijos, me llevó más de un tormento nocturno.
Como decía, queríamos algo más, una creación superior y
necesariamente “perfecta” en su plenitud. Nos propusimos trabajar en un planeta
revolucionario respecto a nuestros anteriores proyectos, un planeta cuyas
condiciones no tuvieran que subsistir necesariamente de nuestra existencia y
nos permitiera observar como meros espectadores, “espectadores creadores” que contemplan su
mejor obra.
La localización fue encontrada gracias la resolución de la
lógica, aunque no conocíamos la infinita cantidad de galaxias y cúmulos
estelares existentes, conocíamos un lugar idóneo para colocar nuestra perfecta
creación. El lugar estaba resguardado por una inmersa estrella, con la cual
siempre nos gustó jugar. De hecho, ese lugar ya fue escogido una vez en nuestro
constante juego, donde yo trabajé mi lado más imaginativo de creación con la
elaboración de seres aterradores y de dimensiones desmesuradas.
Una vez creado el planeta, nos golpeó la incertidumbre
respecto al nombre que debía heredar dicha creación. Los nombres resultaban ridículos, no había
ninguno que consideráramos perfecto. Terra se empeñó en nombrar al planeta;
“Tierra”, variando su nombre con el añadido de una “i”. Esa idea me parecía
notablemente egocéntrica. Terra siempre fue arrogante, siempre se consideró
superior. Aunque yo me considere infinitamente más inteligente, jamás pondría
“Machina” a un planeta haciendo referencia a mi nombre. Tras el cansancio de
tener que soportar la arrogancia de Terra, finalmente, accedimos a nombrar a
nuestra creación como planeta “Tierra”. Lamentable.
Cuando pusimos el nombre prometimos algo primordial “Nadie
bajaría jamás, nadie haría acto de presencia en la creación. Hacer acto de
presencia ante los seres vivos que habitaran la Tierra llevaría a la posterior
destrucción irremediable del planeta por parte de los creadores”. Así juramos
entre nosotros, hermanos, que jamás bajaríamos a la tierra bajo ninguna
justificación.
Al principio todo era divertido, veíamos al los seres
creados por mí evolucionar, aunque lentamente. Lentamente evolucionaba todo por
sí mismo. Observar sin actuar se convirtió en un entretenimiento aburrido. Era
curioso porque cada evolución procedente del ser original generaba unas
creencias y unas dinámicas de vida totalmente opuestas. Unos creían en dioses
para cada valor, otros en un único dios todopoderoso que velaba por sus vidas
al igual que nosotros observábamos en la distancia. Al principio era
entretenido imponer mis invenciones en el planeta, cuando hice caer un rayo
sobre aquella madera para hacerla arder fue gracioso, pero posteriormente todo iba
adquiriendo más complejidad, así que dejé las invenciones para la imaginación
de aquellos seres. La verdad, hice bien, el ser humano era la raza más peculiar
que jamás pude haber creado, evolucionaba por sí misma, y de hecho, creó
inventos que no habría tenido en mente nunca.
Todo juego acaba aburriendo, es un hecho que ya habíamos
vivido durante años, pero nunca pensé que Terra quisiera traicionar lo que un
día juramos. Ya me había dejado caer que la creación necesitaba un nuevo
impulso, una “nueva chispa de diversión”. Solamente me lo dejaba entrever a
mí. Aqua siempre andaba en su mundo
sensible, le encantaba observar los enlaces emocionales que sentía el ser humano.
Siempre estuve un poco apartada de
mis hermanos, aunque Machina siempre fue algo más sensible, nunca dejó de ser
un hombre arrastrado por la arrogancia de Terra, y es que el hecho de ser
hermanos ha nublado en él toda realidad negativa que pueda emanar de nuestro
ser. Sé que Machina nunca podría hacer acto del juramento que un día nos
prometimos, y eso, desgraciadamente, también lo sabe Terra. Si un día Terra cometiera una traición,
Machina no haría nada por evitarlo o castigarlo. Hace tiempo que me dejo caer
en el espacio dejándome llevar para no pensar, pero resulta imposible. No puedo
evitar sentir que algo va a cambiar todo lo que hemos sido, no sé que se traerá
entre manos Terra, pero me temo lo peor. Parece mentira que sea mi hermano,
nunca pensé que pudiera pensar así de él.
La galaxia se me queda corta ¿De
qué sirve crear sin intervenir? ¿Acaso es divertido estar sentado durante años mirando
con los brazos cruzados? Mis hermanos son unos hipócritas, ellos saben
perfectamente que están deseando reorientar nuestra creación. Un minuto más
mirando este aburrido planeta y me fundo con el sol. Romper el juramento quizás
cambie las cosas entre nosotros, pero es la chispa de diversión que tanto llevo
esperando. Si de verdad Machina no quiere que baje a la tierra es porque le
jode la idea de que transforme su creación, estoy seguro de ello. Y la llorona
de Aqua no se entera de nada, siempre está flotando a la deriva en el mar
galáctico. Cuando sea absorbida por un agujero negro quizás despierte de su
mundo de llantos. Bajaré a la Tierra y sembraré chispas de diversión, no me
importan las sentencias.
Definitivamente,
él bajó a la Tierra, y lo hizo con
aspecto humano. No recuerdo con que nombre se hizo llamar, pero desde el cielo veía
como no perdía el tiempo. Podría haber intervenido o haber avisado a Aqua, pero
quise dejarle un margen de tiempo para ver si se arrepentía. Pero me equivoqué,
al cabo del tiempo, se convirtió en toda una deidad en la Tierra. Miles de
personas seguían sus pasos, unos adoctrinaban sus enseñanzas mientras otros levantaban
edificios en su nombre. Se produjo lo que siempre tratamos de evitar, la creación de un verdadero dios.
Una gran mayoría hacia caso a sus órdenes morales, pero existía una minoría que
afilaba sus cuchillos en silencio con pretensión de derrocar su poder. Hundido
por el pensamiento de que mi hermano fuera sepultado en su propia tumba,
confesé todo a Aqua.
No había
visto nunca a mi hermana actuar así, de todas las posibilidades que esperaba
como reacción, nunca habría barajado lo que ella trataba de decir. Juramos
destruir el planeta si era corrompido por la actuación de alguno de nosotros,
pero ella decía que no era justa esa decisión. Durante miles de años se habían
forjado familias, enlaces emocionales, seres queridos que habían superado los
más aterradores obstáculos. Seres que habían llegado a amar y cuya bondad no
tenía límites.
“Si él ha
decidido bajar a la Tierra como un dios, debe actuar como un dios”. En su
momento no entendí muy bien que quería decir, pero acabé por descifrar el
cruento mensaje. Si de verdad había bajado para ejercer de dios, debía acatar
la acción de dios, y todo dios debe anteponer su vida como condición de perfección
moral.
Fue injusto
modificar el castigo. Terra sabía que éramos hermanos, esa condición tan solo
limitaría el castigo a lo acordado; “destruir la tierra”. Pero él no sabría
jamás que había cavado su propia tumba y moriría para salvar a la tierra de su
propia destrucción.
Con el paso
de los años, la minoría que afilaba sus cuchillos se agrupó en mayoría, y Terra
comenzó a sentir el miedo en todas sus facetas. Acorralado en un mar de pánico,
nos llamó a gritos para que le ayudáramos. Aqua fue recta en todo momento, yo
no fui capaz de soportar tan pesada carga. Aunque mi hermana me prohibió
contestar sus suplicas, yo le contesté sin dudarlo. No podía dejar de lado sus
llantos, debía despedirme de él…
Me habéis abandonado hermanos. Me
habéis dejado cavar mi propia tumba. Siempre nos separó nuestra condición
personal. Aunque no nos entendimos en todo momento, siempre fuimos felices en
conjunto y siempre tuvimos recuerdos felices en mente. Aún recuerdo la primera
vez que jugábamos a construir nuestros escenarios; aquella vez que hice mal mi
primera montaña y fui a apoyarme, desplomándose entera, aquella vez que Machina
creó seres ciegos que andaban y chocaban con todo, cuando Aqua hizo su primer
charco y estuvo llorando durante días…
¿Esto es lo que significa ser Dios
verdad? ¿Eso es lo que queréis hacerme ver? Toda acción debe tener una
repercusión, si yo he creado el problema existiendo aquí, debo solucionarlo
dejando de existir aquí. Prefiero irme por mí mismo antes de sentir el dolor
por parte ajena. Con este cuchillo me despido, hermanos…
“¿De verdad creías que íbamos a
dejarte a la deriva, hermano?”. Las palabras de Aqua resuenan a diario en mi cabeza desde que Terra
volvió con nosotros. Resulta que Aqua no tenía pensado en ningún momento dejar
a su hermano de lado, solo quería que aprendiera la lección. Terra sonrío como
no había sonreído nunca cuando volvió a sentir la presión del espacio y la
mirada incesante de las estrellas.
No puedo
creer que Aqua me haya engañado, a mí, Machina, el ser más inteligente de todo
el universo. Definitivamente, la Tierra no volverá a toparse con ningún nuevo
dios.
“¿No querías chispas de diversión
Terra?” (…)
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