sábado, 13 de junio de 2015

Sepulturero

Demasiado imperceptible para ser conscientemente cierto, demasiado profundo como para poder hincar nuestra pinza entendible entre los huecos que apartan su sólida estructura de la denominada vida, porque aquello que realmente somos no es más que una idea perdida en aquella caverna, que no hace sino refugiar nuestra mente en un profundo hoyo.

Parece que hayamos vivido reiteradamente nuestra vida, algo que nuestro cerebro hace hincapié en simular. Es lamentable pensar que toda sílaba tenga un significado global, pero es una excusa demasiado dulce como para poder ignorarla, pues la felicidad parece sonreír en aquel diptongo que nos traba la lengua, llenándonos de conocimientos tan vacíos como la propia vida, que de simple tiene mucho, y de complicaciones tiene miles.

Increíble pero cierto, estamos aquí sentados intentando responder a aquello que nos hace pensar, como si por el hecho de afrontarlo fuera a suponer una compensación equilibradora. Nada equilibra el todo, todos lo somos, nunca fuimos siempre y aún así siempre seremos nada.  Ridículo trabalenguas que se disfraza a modo de transparente obviedad, necesitas perderte para entender lo que qué inconscientemente necesitas saber, entonces realmente entenderás que hasta ese instante no entendiste nada. Bienvenido.

Capta el concepto, pareces perdido. Esa es la idea. La idea es tan simple que se ha burlado de ti mientras intentabas comprenderla ¿De verdad pretendes encontrar un frasco en tu vitrina que contenga lo incontenible? Tantas justificaciones para tantas complicaciones que lamentablemente carecen de relevancia. Podemos ser tan irrelevantes como necesariamente queramos serlo. Es cuanto menos un buen pasatiempo. Salir invicto es imposible, la cercanía de su dulce aroma no provoca precisamente tranquilidad, y, por supuesto, ni si quiera muertos el hedor desaparece.

Suena cada noche, de hecho sigue sonando, el ruido de la tierra ahondando aquella tumba, agrandando aquel hoyo que tan minúsculo era antes; silenciado por nuestra mente, el sepulturero sigue cavando sin descanso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario