“Cada segundo que daba
por perdido era una piedra más en su bolsillo. En un principio pensó no
molestarle el peso, era insignificativo. En cambio, al cabo de los años, las
piedras comenzaron a ejercer su peso. Tal era el punto, que la respiración se
balanceaba en un quiero y no puedo. Atemorizado por el
peso de los años, intentó encontrar solución. Probó a vaciar día a día sus
bolsillos, las piedras rodaban y con ellas caían sus problemas. Pero el balance
era negativo, cada hueco que dejaba era ocupado a mayor velocidad. Agobiado por
un mar de peso, se estremeció arrepentido, y aguardando su final, empezó a
añorar el tiempo que siempre tuvo y nunca
dio por perdido.”
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