domingo, 22 de febrero de 2015

Equilibrio Emocional

Las piezas nacen y crecen al tacto de mis ideas, el roce es tan sensual como una insignificante luz roja en un umbral de oscuridad, si parpadeo desaparece, por ello es conveniente que la atrape al instante. Trasmutar en palabras lo imposiblemente descriptible es realmente una blasfemia propia del ignorante, tuve suerte de vivir la experiencia.

Coger el lazo y atar suavemente con un nudo aquel mal que merodea mi conciencia, ardua tarea que es convertida en un juego de niños cuando las manos se deslizan, porque las manos crecen como si de memoria fueran portadoras. La mayor experiencia sensorial que el cuerpo humano ha podido crear con sus manos, la mayor descripción de emoción alguna existente.

Convergen impactos, secuencias invisibles que componen una emocional película, se apagarán las luces si no ruedo el pensamiento a tiempo. La virtud del momento se halla en su imprevisible patada, dolerá si pilla en una ocasión adversa a la intención que genera, pero es tan bella la sensación que surge de la nada, que el corazón se acelera intentando marcar el compás como si de teoría musical comprendiera. Miles de señales que apuntan en direcciones distintas en una misma ciudad, miles de emociones que golpean a través de códigos.

A veces, llorar es necesario. En otras ocasiones, simplemente me despierta en medio de la noche queriendo salir a pasear un rato. Y eso es lo bello del instante, que nunca sé cuando llamará para despertarme. Ciertamente, a nadie le gusta que le despierten a media noche, pero ella no atiende a razones, ni siquiera me deja dormir una vez que me ha alcanzado, aunque solo alcance una mínima parte de mi conciencia.

No sé decirle que no, ella permite creerme un dios de manera efímera, y esa sensación que siempre se desvanece es un ciclo vicioso que compensa cualquier hora o día invertido. Porque al igual que viene se va; esa sensación es poco duradera y no atiende a esperar, porque dejar que me espere sin atraparla es perderla.

Ella no sabe nada de la vida, apostaría a que ni si quiera sabe nada de mí, pero cada vez que aparece me cambia. Aunque se marche, permanece de forma indefinida, y para no saber nada de la vida, me ha sabido mostrar quién soy de verdad.

En cambio, es un arma de doble filo, siempre viste de empatía. Para ella no existen dos caras en una misma moneda. Si estás herido no te cura, incluso puede agrandar la brecha, pero aunque suene inverosímil, nunca lo hace con mala intención. Conforme maduro, ella madura. Su presencia sirve para recordar imágenes que un día cayeron olvidadas en mi memoria. La mecanización de sus ideas me hace crecer como persona, siempre me enseña a recordar las emociones y afrontarlas, aunque engloben las que un día fueron despedidas y llantos.

Elipsis temporal de emociones, acompañante fiel durante mis largas noches de inquietud. Porque ahí está la magia; el poder de mostrar sin hacer uso del sentido humano que cualquier arte necesita, la magia de hacer que la complejidad técnica suene a simple armonía... Un equilibrio rompiéndose en pedazos mientras la música juega su papel de estructura.


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